miércoles, 10 de febrero de 2016

LAS ZIDRES GENERAN EXPANSIÓN DEL LATIFUNDIO


La creación de las Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social, Zidres, consideradas por el Gobierno Nacional como su ‘Plan estrella para el campo en tiempos de paz’, y que busca generar productividad en las áreas rurales o convertir baldíos y grandes extensiones del país en zonas productivas, constituye para el jefe del Departamento de Geografía de la Universidad del Valle, Jorge Rubiano Mejía, una vuelta a los años 70, un retorno a la tan criticada Revolución Verde y un retroceso a lo propuesto en los diálogos de La Habana, como lo revela la entrevista que sostuvimos con él.

¿Qué expectativa le genera como investigador la reciente creación de las Zidres a través de la Ley 1776 de enero 29 de 2016?

Como ciudadano me preocupa que este tipo de iniciativas estimule una de las  situaciones que ha sido considerada por académicos, investigadores e historiadores como una de las principales causas de la violencia en este país: el acceso y distribución inequitativa de la tierra. Creo que estamos dando miles de pasos atrás en el esfuerzo por conseguir la paz, al permitir que intereses enfocados exclusivamente en lo económico sean quienes den uso a los recursos naturales algunos buenos, otros ya deteriorados, que nos quedan en Colombia. Lo que se ve con esta iniciativa es un afán desmedido por generar recursos por encima de consideraciones de tipo social y ambiental.
Como investigador, me motiva analizar qué va a pasar con la tierra, cómo va a ser la intervención de los agentes extranjeras o grupos económicos internacionales; qué va a pasar con la agricultora campesina. Claro que, uno no esperaría que estos temas hagan parte del portafolio de un investigador. La Violencia ya nos dio mucho para investigar, e invertir la capacidad intelectual en analizar ese tipo de problemas es volver sobre asuntos dolorosos, poco proactivos, difíciles de digerir y socializar.
No quisiera que las bibliotecas y las publicaciones de aquí a 15 o 20 años, relaten cómo es que los recursos del país fueron acaparados por determinados sectores productivos, cómo se indujo a llevar al extremo la inequidad el acceso a la tierra y, muy seguramente, cómo desapareció la economía campesina.

Entonces, ¿las Zidres, no son la alternativa para una mayor producción y una solución para los problemas en el sector rural como señala el Gobierno?
Bueno, de esa manera se enmascara la realidad de esta Ley, porque detrás de esta iniciativa no hay una discusión de lo que, realmente es más eficiente en términos de los sistemas de producción para Colombia.
La Ley promueve zonas de interés de desarrollo rural, pero apunta a abrir territorios a la gran agroindustria, a la explotación a gran escala, supuestamente bajo el paradigma de que, entre más grande el negocio más eficiente, pero los estándares económicos demuestran que entre más grande el negocio, menos empleo, más acumulación de ganancia, más deterioro de los recursos naturales, contaminación, dependencia económica y  menos productos para el consumo interno.
Por otra parte, se dice que cualquier ciudadano puede acceder a los recursos o la forma de explotación de dichas áreas que dispondrá el Gobierno, pero no es cierto. La posición de un agricultor que está ocupando un baldío, y que seguramente no ha formalizado su propiedad, es la de una persona que se encuentra lejos de los lugares donde se llevan a cabo esas diligencias. Su posición no es la misma de una empresa multinacional que tiene unas agencias dentro y fuera del país,  cientos de empleados y cualquier cantidad de recursos en el banco para hacer lo que quiera como quiera y cuando quiera con cualquier pedazo de tierra.

O sea, ¿se da vía libre a utilizar los baldíos a cualquiera y ese cualquiera es el que tenga el poder de hacer la gestión?
La Ley plantea unas condiciones, pero esas condiciones ponen en riesgo la explotación de tierras de los campesinos que no quieran participar de los proyectos, porque, tarde que temprano, le tocará acogerse a la normatividad que regule la Zidres, sea vendiendo, alquilando o cediendo sus tierras para el sistema colectivo que se imponga o la producción a gran escala que se espera. Así sucedió con el cultivo de la caña que desplazó a los pequeños propietarios, que no podían aguantar las altas temperaturas de las quemas a su alrededor, 50 grados de temperatura durante 4 o 5 días, y tuvieron que salir de su propiedad.
La Ley va totalmente en contra de los acuerdos que se han propuesto en La Habana de acceso democrático a la tierra; desconoce la eficiencia económica de los pequeños productores agrícolas;  el impacto ambiental que se puede generar en esas  zonas, que por muchas razones no han sido puestas en producción, no solo por el hecho de que no hay vías sino porque esas tierras están en ecosistemas frágiles, la mayoría, en la Amazonía o la Orinoquía.
Por otra parte, habrá una gran desventaja para los municipios porque la reglamentación de estas zonas va a estar por encima de lo que jurídicamente pueden hacer los alcaldes en relación con sus planes de ordenamiento territorial, y qué decir del agua, a qué municipios les van a quitar el agua para alimentar estas nuevas empresas multinacionales.

¿Estará vinculada la venta de Isagen y el anuncio de invertir ese dinero en carreteras con esta iniciativa de las Zidres?
Muy seguramente, es que detrás de abrir una zona a los mercados significa que se tiene que facilitar la infraestructura de ingreso y salida de los productos, y aquí todavía no hemos pasado el siglo XIX cuando surgieron los ferrocarriles. Se sigue pensando en facilitarle la vida a los dueños de los sistemas del transporte por carretera, totalmente obsoleto, que demanda unos mantenimientos mucho más costoso que lo que demandaría una red férrea moderna la cual facilitaría la velocidad del transporte de mercancía, en beneficio de la concentración y acopio de los productos agrícolas.

¿Cree usted que las Zidres representan un reto a los estudiantes y docentes del Departamento de Geografía?
Indiscutiblemente. El Departamento de Geografía tiene un enfoque hacia los estudios territoriales considerando el ordenamiento territorial como una decisión política. En este momento las Zidres reflejan un interés político que va a modificar la naturaleza del paisaje, las relaciones sociales de producción, la tenencia de la tierra, los desplazamientos a los centros urbanos, las características de sanidad y de ambiente en muchas regiones, y seguramente, la relación con el cambio climático.
Todo este tipo de problemáticas son del ámbito de los estudiantes y docentes de Geografía y casi de cualquier ciencia. Sin embargo, esperamos que esta ley se revise y le demos campo a ideas más novedosas, más armoniosas con el tipo de sociedad que queremos el conjunto de los colombianos, porque Las Zidres es la idea de unos pocos que viven en Miami, en Panamá o en Suiza. Ellos no van a sufrir los problemas que generarán en el ambiente con las inversiones que hacen aquí.


Ver: Ley 1776 del 29 de enero de 2016, sobre Zidres

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